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Curazao ante el desafío de integrar a una creciente comunidad venezolana para su desarrollo económico y social

El gobierno de la isla debe abandonar el enfoque de la emergencia y definir una política que brinde oportunidades desde una visión estratégica

La presencia venezolana en Curazao ha dejado de ser un fenómeno coyuntural para convertirse en un elemento estructural de la realidad demográfica, económica y social de la isla. Los datos más recientes muestran que la comunidad venezolana no solo ha crecido con rapidez en la última década, sino que también se ha asentado con una clara vocación de permanencia.

Según cifras oficiales, los venezolanos representan hoy uno de los grupos migrantes más numerosos en Curazao. La mayoría llegó después de 2015, en un contexto de deterioro económico, político y social en Venezuela. A diferencia de olas migratorias anteriores, este flujo es relativamente reciente y presenta características específicas: una alta proporción de mujeres, una edad mayoritariamente productiva y una fuerte inserción en sectores clave de la economía local.

La comunidad venezolana crece y se hace sentir en Curazao. Crédito: Venex Curacao

El mercado laboral curazoleño se ha beneficiado de esta migración. Venezolanos trabajan en el turismo, la restauración, el comercio, el cuidado de personas, la construcción y los servicios profesionales. En un contexto de envejecimiento poblacional y reducción de la fuerza laboral local, su contribución resulta cada vez más relevante para sostener la actividad económica.

Sin embargo, la integración no ha sido homogénea. Muchos venezolanos enfrentan barreras estructurales como la falta de reconocimiento de títulos profesionales, dificultades con el idioma, precariedad en los permisos de residencia y trabajo, y una mayor exposición a la informalidad laboral. Estas limitaciones no solo afectan a los migrantes, sino que también representan una pérdida de potencial para Curazao.

Para quedarse

Un dato clave es que una mayoría de los venezolanos residentes ya no considera su estancia como temporal. La intención de permanecer a largo plazo implica nuevas dinámicas: formación de familias, escolarización de hijos nacidos en Curazao y una creciente identificación con la isla como hogar. Esto plantea desafíos y oportunidades para las políticas públicas en áreas como educación, vivienda, salud e integración cívica.

El debate público, sin embargo, no siempre ha evolucionado al mismo ritmo que la realidad demográfica. La migración venezolana sigue siendo tratada con frecuencia como una “situación de emergencia” o un problema transitorio, cuando los datos indican que se trata de una transformación duradera de la sociedad curazoleña.

Los venezolanos asumen la isla como su nuevo hogar

Para Curazao, el reto no es decidir si los venezolanos forman parte del futuro de la isla, sino cómo gestionar esa realidad de manera ordenada, justa y estratégica. Una política de integración coherente —que incluya acceso al idioma, regularización, protección laboral y aprovechamiento del capital humano— puede convertir esta migración en una ventaja estructural.

La historia reciente demuestra que Curazao siempre ha sido una sociedad moldeada por la movilidad humana. En ese contexto, la comunidad venezolana no es una excepción, sino el capítulo más reciente de una historia más amplia de intercambio, adaptación y construcción compartida en el Caribe.

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