Migración

Cómo organizan los viajes clandestinos desde Venezuela hacia las islas de Aruba, Bonaire y Curazao

La emergencia humanitaria compleja ha provocado el aumento de la trata de personas, actividad criminal que desarrollan bandas que operan con total impunidad en el Caribe

Huir de Venezuela por la frontera norte implica embarcarse en un peñero tipo canoa, hecho de madera, con dos motores y un par de bidones de combustible con destino a las áreas más despobladas de las islas del Caribe Neerlandés.

Una travesía por mar a todo riesgo marca la ruta de los balseros venezolanos en pleno siglo XXI.

Falcón es uno de los estados que registra mayor número de  zarpes clandestinos por su cercanía con Curazao. Los viajes continúan, pese a que las autoridades dicen reforzar la seguridad para combatir el tráfico de drogas y la trata de personas.

El equipo de Crónicas del Caribe entrevistó a cinco personas que han tenido relación con este tipo de desplazamientos. Destacan que los organizadores de los viajes ilegales no poseen embarcaciones ni cuentan con un equipo de capitanes, marinos, guías y permisos de zarpe que garanticen un trayecto seguro.

Paso a paso

De acuerdo con los testimonios recabados, la planificación del viaje inicia con la imperiosa búsqueda del combustible, que compran a precio internacional a los policías venezolanos que controlan las estaciones de servicio.

En paralelo, buscan las ofertas más económicas para alquilar o comprar una embarcación y motores, al tiempo que identifican cuáles son las zonas de las costas falconianas menos protegidas por la Guardia Costera venezolana.

El 8 de marzo de 2021, una lancha que pretendía llegar a Curazao quedó a la deriva en aguas venezolanas y todos sus pasajeron fueron rescatados. Entre esas 17 personas estaba Sofía Oviol -nombre ficticio-, quien sobrevivió para contarlo.

“Las embarcaciones son adquiridas en dólares con el dinero que cancelan los pasajeros por la travesía. La que utilizaron para nuestro viaje costó 9.500 dólares y fue comprada en Tucacas”, declara Oviol, quien asegura haber pagado 1.500 dólares para trasladarse a Willemstad.

Los organizadores prefieren las llamadas lanchas “rápidas”, que tienen una capacidad de 15 personas en un viaje programado para dos horas.

Puntos clandestinos

Falcón cuenta con 685 kilómetros de costa, convirtiéndola en la provincia predilecta para los negocios ilegales con las islas neerlandesas. Diversos puntos son empleados para los zarpes clandestinos: Guaranao, El Supí, Punta Macoya, Puerto Cumarebo, Sabanas Altas, Punta Aguide, San José de la Costa y los cayos del Parque Nacional Morrocoy y Chichiriviche.

El núcleo de la organización suele estar conformado por unas cinco personas. Al menos tres están en Curazao o Aruba y se encargan de recibir el dinero de los pasajeros a través de casas de cambio. En muchos casos, esos pagos provienen de familiares y amigos que ya residen en las islas y que intentan ayudar a los migrantes.

Las casas de cambio son el primer mecanismo para identificar a familias desesperadas que desean reencontrarse en las islas, según las fuentes consultadas. De hecho, los organizadores estratégicamente establecen relaciones de confianza con los encargados de las casas de cambio con el propósito de captar a posibles nuevos pasajeros.

La vacuna

Los organizadores en Falcón recogen a los migrantes en sus casas para llevarlos al sitio de zarpe. “A mí me vinieron a buscar en un carro rojo”, detalla Oviol. Una vez que alcanzan la cuota máxima de pasajeros, fijan el día y la hora para emprender la travesía, cuidando que no haya efectivos policiales en los puntos clandestinos.

Jhonny Romero, coordinador del Comité Nacional de Víctimas de Desapariciones y Trata en las costas de Venezuela, denuncia que la corrupción quiebra los controles de la frontera.

ONG denuncia el aumento de la actividad criminal en la frontera norte

“Ellos primero captan a las personas para poder completar la cuota mínima, porque los organizadores pagan vacuna -extorsión- a funcionarios de los organismos de seguridad y a las bandas criminales que operan en las costas falconianas”, expone Romero.

Infiltrados

Alrededor de dos o tres viajes ilegales al mes son arreglados para salir de Falcón rumbo a Curazao y Aruba. Los promotores reúnen entre 20 y 30 personas, conscientes de que al final algunos prefieren permanecer en tierra antes que arriesgarse.

Romero explica: “Hay pasajeros exigentes, que no quieren andar por el monte, no quieren perder tiempo, se quejan de que no hay salvavidas, no hay seriedad y todo lo demás. Este tipo de gente es descartada por la organización y comúnmente los escogidos son familiares desesperados, personas que necesitan viajar y están dispuestas a soportar el trato que reciben. Todo esto es un proceso de descarte”.

Una vez se informa que todo está listo, la espera por el zarpe puede tomar desde horas hasta meses. Los sobrevivientes de la embarcación que el 8 de marzo  salió desde el cayo Los Pescadores del Parque Nacional Morrocoy y se averió a siete millas de Puerto Cumarebo, comentan que el viaje fue postergado desde el 12 de diciembre de 2020 sin explicación alguna. Durante todo ese tiempo, la organización los hospedó en hoteles, conjunto residenciales y posadas por 21 días.

Familiares exigen respuesta a las autoridades venezolanas por el caso de Tiraya

Un hecho similar ocurrió en el pueblo de Tiraya, península de Paraguaná, cuando 20 venezolanos con rumbo a la isla de Aruba desaparecieron la tarde del 17 de marzo de 2020. El viaje tuvo un retraso de 14 días. Averiguaciones independientes aseveran que algunos intentaron abandonar el viaje, pero los organizadores lo impidieron.

En el mar

Regularmente los viajes están pautados para los días viernes, sábados y domingos. Los pasajeros son reunidos desde las 3:00 de la tarde en las zonas de zarpe, aunque las embarcaciones parten al caer la noche. Todos se trasladan con el mínimo equipaje, la ropa metida en bolsas plásticas, sin suficiente agua potable y con un rosario en la mano.

Antes de llegar a la isla, los organizadores sorprenden a los pasajeros al informarles que deben lanzarse al agua para completar el trayecto y esconderse entre los arboles de la costa hasta el amanecer, para no ser interceptados por la policía.

Mientras los migrantes nadan para alcanzar su destino, la lancha se retira evitando a la Guardia Costera. La historia no tiene un final feliz. Viajes recientes han sido noticia por naufragios, desapariciones de decenas de venezolanos y denuncias del aumento de la trata de personas entre Venezuela y el Caribe Neerlandés.

Ilustración: Justo Osuna, artista plástico.

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