Migración

Hasta 1.500 dólares pagan los “balseros” venezolanos para viajar ilegalmente a Curazao

La necesidad de quienes huyen del país hacia el Caribe Neerlandés alimenta a las mafias de trata de personas

El lunes 8 de marzo a las 10:30 de la mañana un grupo conformado por 17 venezolanos provenientes de los estados occidentales de Lara, Zulia y Falcón partieron clandestinamente desde Cayo Los Pescadores, en el parque nacional Morrocoy, rumbo a Bonaire. El destino final de la travesía era Curazao, pero incluyeron esa parada para tratar de burlar a la guardia costera que protege el Caribe Neerlandés.

Este viaje, que originalmente se planificó para diciembre de 2020, se pospuso tres veces.  El primer zarpe tenía fecha para el 12 de diciembre, pero se aplazó por razones que los pasajeros desconocen.

Luego, acordaron trasladarse en enero y surgió otro imprevisto: Curazao anunció que a partir del 15 de ese mes los venezolanos necesitarían visa para entrar a la isla. La medida impuesta por Willemstad obligó a cambiar los planes de los organizadores, que resolvieron salir en carnaval.

“Cuando llegó el fin de año de 2020, yo decido que no voy a viajar. Mi pareja, que es ciudadano holandés y reside en Curazao, me recomendó que tramitara todos los documentos para evitar problemas en la isla, pero el tema del visado me desanimó”, cuenta Sofía Oviol, nombre ficticio que se utiliza para resguardar la identidad de la fuente.

Es difícil cumplir con los requisitos para optar por la visa de Curazao. Apostillar los papeles cuesta más de 100 dólares en Venezuela. Las citas y el viaje de traslado para Caracas exigen mucho dinero. Además, mi pasaporte ya está a punto de vencerse y tengo que también tramitar la prórroga”, declara Oviol a Crónicas del Caribe.

Ella emigró de Venezuela a Colombia en 2019 y a finales de ese año viajó a Curazao. Dice que salió con el pasaporte venezolano y una maleta vacía. Durante su primera estadía en Curazao, trabajó durante ocho meses en una empresa privada, luego como niñera y finalmente cuidó a ancianos con alzheimer. Oviol ganaba entre 500 y 1.300 florines (280 y 728 dólares al cambio). “Trabajaba desde las 6 de la tarde hasta las 5 de la mañana”, comenta.

Clandestinos

A pesar de las dudas iniciales, Oviol se embarcó en la aventura. Para subirse al peñero los organizadores del viaje le cobraron 1.500 dólares. “Nosotros queríamos viajar el viernes de carnaval y aprovechar la rumba de los cayos para no generar sospechas”, expresa Oviol, quien confiesa que los organizadores temían ser detenidos por funcionarios de las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES).

El primero de marzo, Oviol se traslada a Tucacas desde La Vela de Coro, donde esperaba las indicaciones junto con su madre y tres hijos. Una semana más tarde, ella y otras 16 personas se echaron al mar rumbo a Curazao. Pocos conocían las intenciones de los 17 migrantes. Básicamente sus confidentes eran familiares residenciados en Curazao, que les habían enviado dinero para cancelar los 1.500 dólares de la travesía.

La fuente consultada facilitó esta imagen que muestra el momento cuando salían de las costas falconianas

El capitán advirtió que los motores de la embarcación estaban en mal estado, recuerda Oviol. Sin embargo, ninguno se quedó en tierra y zarparon a plena luz del día. Pasada las dos de la tarde del 8 de marzo, la embarcación quedó a la deriva en aguas venezolanas.

Sin notificarles a los tripulantes, el capitán modificó la ruta por razones desconocidas. La determinación del capitán los libró de morir en altamar. El viento arrastró la embarcación a 7 millas náuticas de Puerto Cumarebo, -un pueblo del estado Falcón- lo que les permitió enviar un mensaje de alerta gracias a la señal de telefonía móvil.

“Máma estamos a la deriva, muévela por mí”, escribió una de las tripulantes por mensaje de texto. Luego de sobrevivir 24 horas en el mar, fueron rescatados por las autoridades venezolanas. Reseñas de medios locales destacan que todos fueron atendidos en el hospital de Cumarebo y presentaron deshidratación leve.

¿Dónde están?

Los viajes clandestinos desde Venezuela hacia las islas del Caribe Neerlandés se han duplicado tras el cierre de la frontera impuesto por el régimen de Nicolás Maduro en febrero de 2019, según datos de la ONG FundaRedes.

El Comité Nacional de Víctimas de Desaparición Forzada en Altamar calcula que 57 personas que salieron desde las costas de Falcón están desaparecidas. El embajador del Reino de los Países Bajos, Robert Schuddeboom, reconoció en una reciente visita a la ciudad de Coro, los problemas que provoca la migración ilegal.

Para muchos migrantes venezolanos, la necesidad es mayor al miedo a perder la vida. Sofía Oviol afirma que una de las razones por las cuales decidió zarpar clandestinamente el 8 de marzo es su tía, que es paciente oncológico.

Yo pago el tratamiento de mi tía. Lo que me envían de Curazao ya no me alcanza para mí, mis tres hijos, la casa de mi abuela y el tratamiento de mi tía, que tiene un costo de 3.000 dólares más los exámenes médicos. Ya no me doy lujos como antes del cierre de fronteras y de la pandemia”, relata con lágrimas en los ojos.

La crisis de los servicios públicos también la motivó a abandonar su país. “Yo no soportaba los apagones, las largas horas sin luz eran un tormento. Logré instalarme en Curazao y regresé a Falcón por mi tía, pero aquí me agarró la pandemia. Ahora intenté salir y casi pierdo la vida. Mi pareja me sigue ayudando desde allá”, detalla.

Detenidos

Los organizadores del viaje no eran ningunos improvisados. Oviol revela que en una primera etapa, mientras se definía la fecha del viaje, los matuvieron 15 días en un penthouse en Tucacas.

“Nos hospedaron en un penthouse. Los organizadores cancelaron la estadía. Nos hacían la comida y nos guiaban. Yo me enfermé y ellos me costearon todo, incluyendo las medicinas. Luego, los organizadores nos llevaron a Chichiriviche y nos hospedaron en una vivienda por tres días. En realidad, prácticamente estábamos secuestrados porque hubo retrasos para cancelar las habitaciones. Tuvimos que empeñar tabletas y celulares”, expone Oviol.

Estaba previsto que se dirigieran a Bonaire para evitar a a la guardia costera curazoleña y después llegar a la isla Klein, que pertenece administrativamente a Curazao. Allí los migrantes pasarían a manos de otras personas para alcanzar su destino final. La falla en los motores de la embarcación frustró el plan.

La Secretaría de Seguridad Ciudadana del estado Falcón informó este sábado 13 de marzo la detención de dos mujeres, Betty Jiménez Rico y Yennifer Colina, presuntamente implicadas en el hecho.

De acuerdo con el reporte oficial, Jiménez Rico y Colinas “mantuvieron en cautiverio por cuatro días a los 17 inmigrantes en una vivienda ubicada en Tucacas hasta ser trasladadas para su salida a Curazao”. La trama es investigada por los delitos de inmigración ilícita y tráfico ilegal de personas.

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