Crece preocupación en Curazao por tensión militar en el Caribe: “La gente debería tener kits de emergencia, efectivo, provisiones”
El aumento de las tensiones entre Venezuela y Estados Unidos enciende las alarmas en el Parlamento de Willemstad. Fuerzas políticas locales temen que la isla, en especial su economía, resulte afectada por el conflicto entre Washington y Caracas
Amanecía en la Sha Caprileskade. Los tradicionales botes fruteros venezolanos acomodaban sus mangos con la misma calma de siempre. El olor a fruta fresca, el murmullo del puerto y los primeros turistas paseando daban la impresión de un día normal.
Pero sobre el agua flotaba algo más: una sensación inquietante, casi invisible, que todos podían sentir.
Frente a la costa, dos buques de guerra estadounidenses dominaban el horizonte. Su presencia, silenciosa pero contundente, despertó preocupación en la población y agitó los viejos temores de una región que vive entre dependencias económicas, tensiones diplomáticas y la complejidad de su relación histórica con Venezuela.
Un Parlamento inquieto
Mientras la vida diaria seguía su curso, en el edificio de las Staten la preocupación iba en aumento.
Los líderes de las fracciones PAR, MAN/PIN, PNP y MFK solicitaron una reunión de emergencia para entender el significado de estos movimientos militares y cuál podría ser el impacto para Curazao.
Temían, sobre todo, que la Forward Operating Location (FOL) —la base militar estadounidense en el aeropuerto Hato— pudiera estar involucrada en operaciones regionales sin conocimiento claro del gobierno local.
El viceprimer ministro, Charles Cooper, acudió la semana pasada al Parlamento con asesores de seguridad para explicar la situación. Pero lejos de calmar los ánimos, las dudas solo parecieron multiplicarse.
Alta tensión
El líder de PAR -principal partido de la oposición-, Quincy Girigorie, advirtió que la región vive un momento extremadamente delicado.
Girigorie señaló los siguientes elementos: Operaciones militares recientes en territorio venezolano, tensiones diplomáticas entre Venezuela y Trinidad y Tobago por entrenamientos estadounidenses, y el hecho de que el Reino Unido —tradicional aliado de Washington— decidiera dejar de compartir información sensible con EE.UU.

“Vemos un aumento en buques de guerra y señales de que Venezuela se está preparando para una posible invasión. No sabemos si ocurrirá, pero la tensión está aquí, frente a nuestras costas. Curazao debe actuar con cautela”, indicó el parlamentario de PAR.
¿Preparados?
Para Giselle McWilliam (MAN/PIN), la preocupación va más allá de lo diplomático. Su pregunta es directa: ¿Qué pasa con nuestra gente? La parlamentaria considera que Curazao no está preparado para enfrentar las consecuencias de una escalada militar:
“La seguridad de nuestra población y la estabilidad económica deben ser lo primero. Dependemos enormemente del turismo”, alertó.

La legisladora acotó: “La gente debería tener kits de emergencia, efectivo, provisiones. No sabemos cuántos meses de alimentos tiene el país en reserva”.
Según McWilliam, el gobierno debió haber informado a la ciudadanía con anticipación sobre medidas básicas de preparación.
Juego de poder
El analista internacional Sidney “Bicho” Justiana ofrece una lectura más amplia. No cree probable una invasión directa a Venezuela, pero sí reconoce un aumento real en la tensión geopolítica.
Explica que China y Rusia respaldan a Venezuela estratégicamente, lo cual reduce la probabilidad de una acción militar estadounidense a gran escala, pero aumenta la complejidad de cada movimiento en la región.

“Esto es un juego de poder entre grandes actores. Para Curazao la clave es actuar con prudencia y mantener una postura lo más neutral posible. Si el país se inclina demasiado hacia un lado, puede pagar un costo diplomático con Venezuela”, apunta Justiana.
En La Haya
El tema ya no se queda en el Caribe.
En La Haya, los diputados Mikal Tseggai y Kati Piri (GroenLinks-PvdA) enviaron preguntas formales al gabinete neerlandés.
Quieren saber: Si el Reino de los Países Bajos está considerando limitar o suspender la cooperación de inteligencia con Estados Unidos, como ya hicieron el Reino Unido y Canadá. Si las operaciones estadounidenses en el Caribe podrían estar usando instalaciones del Reino —como la FOL o la Guardia Costera— de manera contraria al derecho internacional. Y cómo se está informando a la población de Curazao, Aruba y Bonaire ante la creciente tensión.

Para los parlamentarios, también preocupa que la división de competencias dentro del Reino genere confusión sobre quién decide qué en estos momentos críticos.
La isla mantiene desde hace décadas vínculos sociales, económicos y culturales profundamente entrelazados con el país vecino. Cualquier percepción de alineamiento político o militar puede afectar a comunidades, empresas y familias enteras.
Tensiones y silencios
Mientras los vendedores de fruta siguen asegurando sus cargamentos, los turistas toman fotos y las olas chocan suavemente contra los botes, la incertidumbre sigue suspendida en el aire.

Los buques en el horizonte pueden parecer distantes, pero para los habitantes de Curazao representan una señal clara: el equilibrio regional está cambiando, y el país —muy pequeño en territorio, pero estratégicamente ubicado— debe navegar con extrema inteligencia.
Una cosa es segura: la discusión apenas comienza, y el Caribe se encuentra nuevamente en el centro de un tablero geopolítico global.






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