Migración

Personal de salud limpiando casas: “Es difícil estar en un país donde no te ven, donde no eres nadie”

Las trabas burocráticas impiden que una médica y una enfermera que huyeron de la emergencia humanitaria compleja que azota a Venezuela, se sumen a la lucha contra el covid19 en Curazao

En medio de una de las peores crisis sanitarias de la historia, que demanda el máximo sacrificio y esfuerzo de todo el personal de salud, una médica y una enfermera limpian casas en Willemstad.

Salieron de Venezuela y se desplazaron hasta Curazao, dos países que en estos momentos registran sus mayores picos de contagio de covid19. Huyeron de su tierra natal por la emergencia humanitaria compleja provocada por el régimen de Nicolás Maduro, y aún no logran establecerse en la isla debido a las trabas legales que les impiden trabajar en lo que saben: proteger y salvar vidas.

Johanna González Clavero tiene 28 años y se graduó de médica en la Universidad del Zulia (LUZ) en 2018. Tal como lo establece el artículo 8 de la ley que rige el ejercicio de la profesión en la República Bolivariana, se desempeñó en el ámbito rural en Machiques de Perijá, pero al poco tiempo la situación se le hizo insoportable.

 

El gobierno de Curazao reformó las medidas sanitarias ante el repunte de los contagios

Maracaibo estaba cada vez peor por el racionamiento eléctrico, la falta de agua y la inflación”, recuerda González Clavero. Así resolvió probar suerte en Caracas, donde comenzó a laborar en la clínica La Arboleda y en un ambulatorio ubicado en Naiguatá, en el vecino estado La Guaira.

Solo pudo soportar ocho meses. “Lo que percibía no me alcanzaba para cubrir los gastos básicos”, comenta. Además, ella se encarga de su madre y sus abuelos, afincados en Maracaibo. Llegó a una conclusión: “Me di cuenta de que tenía que emigrar”. Entonces, tomó sus cosas, cruzó hacia Colombia y de allí voló a Curazao, donde aterrizó el 24 de noviembre de 2019 con la ilusión de construir un mejor porvenir para ayudar a su familia.

Abuso y discriminación

Entró como turista, pero el suyo no era un viaje de placer. “Llegué como emigrante, trabajando en restaurantes, resorts, limpiando…”. Dice que por falta de información no canceló los 500 florines (280 dólares) para extender su permanencia por tres meses y quedó ilegal en Willemstad.

González Clavero comprendió que debía regularizar su estatus. “Comencé a buscar gestores y abogados, todo es muy difícil”. Pesaba un requisito fundamental: tener un contrato de trabajo. Logró conseguir un puesto en el consultorio de un médico, pero el colega jamás le facilitó el papel que le permitiría instalarse legalmente en Curazao.

Cerca de 50 mil residentes de la isla ya han sido vacunados, en el marco del plan que busca frenar la pandemia

“Trabajaba en el consultorio de lunes a viernes desde las 8 de la mañana hasta las 5 de la tarde. Mientras un doctor cobra entre 6 mil y 7 mil florines (3.360 y 3.920 dólares), a mí me pagaban 1.600 florines (896 dólares). Les conviene que estés ilegal para no pagar correctamente, es una situación de mucho abuso”, lamenta.

El perro se muerde la cola. “Sin contrato de trabajo, no puedo homologar mi título ni entrar al sistema sanitario”, explica. González Clavero afirma que el Curaçao Medical Center (CMC), dependiente del Seguro Social, “está al tanto de que estamos en la isla y no tienen objeción a que ingresemos al hospital, pero igual necesitamos un contrato de trabajo de un tercero”.

Por lo pronto, limpia casas y hace “un poco de todo” para subsistir. Cansada de la discriminación y las dificultades para integrarse, pensó en regresar a Venezuela, pero el vuelo de repatriación pautado para el 22 de marzo se suspendió. Ahora estudia papiamento y está dispuesta a seguir dando la pelea. “Decidí esperar y el próximo paso es encontrar trabajo legal en un consultorio”, se propone. 

Lucha constante

Agencias internacionales y expertos desentrañan las causas políticas, económicas y sociales detrás del éxodo venezolano, que este año podría alcanzar los 8,3 millones de personas. Sin detenerse en conceptos muy elaborados, Zorelia Rodríguez resume sus motivos: “Me obligó a salir de mi país ver que mis hijos comían yuca todos los días, yuca con queso, yuca con margarina, que yo tenía dos trabajos y nada me alcanzaba”.

Rodríguez tiene 44 años y es madre de tres jóvenes de 22, 17 y 9 años. Oriunda de La Vela de Coro, estado Falcón, es licenciada en enfermería con diplomado en enfermería cardiovascular, talleres de bioseguridad y cursos de cuidados intensivos. “Siempre me ha gustado trabajar en áreas de Emergencia”, confiesa.

El CMC ha instalado carpas acondicionadas para atender a los pacientes de covid19 en la isla

Tiene dos hermanos en Curazao, uno acumula 30 años en la isla y tiene sus papeles en regla. La otra se le sumó hace cinco años y está ilegal. “Les pedí dinero para venirme porque realmente me quería ir de Venezuela”, relata. Gracias al respaldo de sus familiares, arribó el 12 de marzo de 2020 a Willemstad, un día antes de que declararan la cuarentena por el covid19.

Atrás dejó su experiencia en el Hospital Universitario Dr. Alfredo Van Grieken y el Hospital Dr. Rafael Gallardo de Coro. “Esto es una lucha constante. Al principio, me puse a vender arepas rellenas y también ayudaba a acomodar las mesas de un restaurante en una plaza. Por eso me daban 5 florines (2,8 dólares)”, relata.

Atendió a una paciente con cáncer de páncreas hasta que falleció y buscó trabajo en tres geriátricos. En el primero, la empleadora le hizo comprar un uniforme y a las horas le informó que ya no la iba a necesitar. “Sentí rabia, impotencia”, admite. En el segundo la rechazaron por su edad y en el tercero la rivalidad con una colega la llevó a renunciar.

“Después de todo eso, pensé: no me sigo humillando más, yo misma me levanté el ánimo y hoy prefiero quedarme limpiando casas”, cuenta Rodríguez, quien se ocupa del mantenimiento de dos residencias y recibe una tarjeta que ofrece el gobierno de los Países Bajos a través de la Cruz Roja para comprar alimentos. “Con eso me estoy sustentando ahora”, detalla la enfermera.

Aportar conocimientos

Organizaciones de la sociedad civil de Curazao tratan de llamar la atención de las autoridades locales, para que incorporen formalmente a seis venezolanos profesionales de la salud en el combate contra la pandemia.

El Plan Regional de Respuesta para Refugiados y Migrantes de Venezuela (RMRP) indica que para 2020 esta isla del Caribe Neerlandés ya acogía a 17 mil venezolanos, y esperan que este año la cifra aumente a 22 mil. El número representa poco más del 10% de la población de Curazao.

El gobierno del primer ministro saliente, Eugene Rhuggenaath, lanzó recientemente una iniciativa llamada “Integración Responsable”, que ha sido cuestionada porque solo beneficiaría a un reducido grupo de migrantes sin documentos. Este asunto tendrá que ser analizado por la nueva administración de Gilmar Pisas, quien derrotó a Rhuggenaath en los comicios del 19 de marzo.

Los migrantes venezolanos denuncian abusos y exigen ser tomados en cuenta. Crédito: Berber van Beek

“Si quieren dar un permiso, no pongan tantas trabas. A nosotros nos gustaría colaborar, aportar nuestros conocimientos”, asegura Rodríguez, quien reconoce que “es difícil estar en un país donde no te ven, donde no eres nadie”.

El bienestar de sus hijos, que siguen en La Vela de Coro, es la razón por la que no se rinde, pese a los obstáculos. Con ellos habla siempre por Whatsapp. “Respiro hondo y nos comunicamos por videollamada, aunque trato de no alargar mucho la conversación porque uno termina llorando. No es fácil”.

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